Era un día como otro cualquier, el sol brillaba, mi madre estaba en el patio, mi tía estaba en la escuela, y mi abuela estaba lavando ropa.Mi madre entró en la casa, cuando ella cerró la puerta, la puerta cayó encima de ella. Ella comenzó a llorar y gritar. Pero mi abuela es sorda y no escuchó nada. Ella sintió algo llamar le y entonces fue a la sala donde mi madre estaba, erguió la puerta sóla y llevó mi madre al hospital, no había pasado nada con mi madre.
Cuando mi abuela llegó a su casa, ella no logró erguir la puerta de nuevo, y mi abuelo lo hizo para ella. Desde ese día todas las veces que algo grave pasa con mi madre, mi abuela lo sinte y le envía una mensaje.
Contador: Maria Luiza da Silva
Escritor: Luana Braga Zaia
Qué historia más bonita, Luana!
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